Un rasgo fundamental de la espiritualidad de Pedro Nolasco fue la identificación de Cristo con el cautivo, lo que los llevará a los primeros mercedarios a escribir en el Proemio de las constituciones de 1272:

«Venid benditos de mi padre, a recibir el reino que os está preparado… porque estaba en la cárcel y vinisteis a mí…»

Pedro Nolasco vio el dolor, el sufrimiento, la apostasía de aquellos cautivos cristianos y no sólo se conmovió, sino que puso manos a la obra. Dedicó su vida, su hacienda a la liberación de los cautivos cristianos. Pedro Nolasco ve el sufrimiento de los cautivos, y de ser mercader de especias, telas… pasa a ser mercader de libertad para los cautivos cristianos.

La redención de cautivos es la expresión sublime del anuncio del Reino de los Cielos. Cuando San Pedro Nolasco asume su condición de redentor, lo hace teniendo como modelo al Cristo Redentor. Él quiere redimir cautivos para mostrarles el camino hacia la libertad, el camino hacia la salvación, el camino hacia el Reino.

Redimir es anunciar la salvación, la eterna, el más allá, el Reino.

La mayor buena noticia que se le puede dar a una persona.

Un anuncio, como el de Jesús, que tiene una dimensión humana inmediata, la liberación de la esclavitud o de la cautividad, pero lo más importante es que también tiene una dimensión divina que conduce a la salvación, a la vida eterna.

La figura de Pedro Nolasco es una buena ocasión para releer algunos de aquellos pasajes bíblicos en donde la redención es un medio para alcanzar la liberación-salvación.

Estos pasajes bíblicos, como ya vimos (Mt 25-31-46 y Mc 10,45) leídos en clave mercedaria nos pueden ayudar a descubrir las razones que llevaron a san Pedro Nolasco a fijarse en ese Cristo Redentor que tenía como misión dar su vida en rescate.

Y también a interpretar la radicalidad de una opción llevada hasta sus últimas consecuencias, la de dar la vida en rescate por quienes están sometidos a alguna forma de cautividad, es decir, por todos nosotros.

Son dos textos, de Mateo y Marcos, que leídos en clave mercedaria sirven para hacer una profunda reflexión sobre el origen, fin y naturaleza de la Orden.

En realidad tiene su origen en las primeras Constituciones de la Orden, como leemos en el Proemio de 1272:

«Por la cual obra de misericordia o merced, es decir: para seguir y para anticiparse y para visitar y para librar a los cristianos del poder de los enemigos de la Orden de Jesucristo, todos los frailes de esta Orden, como hijos de verdadera obediencia, estén siempre alegremente dispuestos a dar sus vidas, si es menester, como Jesucristo la dio por nosotros; a fin de que en el día del juicio, sentados a la derecha por su gran misericordia, sean dignos de oír aquella dulce palabra que con su boca dirá Jesucristo: Venid, benditos de mi Padre, a recibir el reino que os está preparado desde el comienzo del mundo: porque estaba en la cárcel y vinisteis a mí, estaba enfermo y me visitasteis, tenía hambre y me disteis de comer, tenía sed y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis, no tenía posada y me recibisteis»

La cárcel, la visita y liberación son fundamentos básicos sobre los que se asienta el espíritu redentor mercedario. Estamos, por tanto, ante uno de los pilares básicos del carisma.

La visita a la cárcel, a los cautivos, a los más pequeños, es la visita y acogida de Jesús y ese acontecimiento es clave para la opción-acción mercedaria, como lo es para la redención en el juicio final (Mt 25,31-46).

El juicio donde el juez ya no juzga desde fuera, sino que se sitúa en medio de la historia, sufriendo sus mismos dolores para, de esta forma, presentarse al final como abogado y como salvador del género humano.

En el contexto, los hambrientos, los desterrados-refugiados, sedientos, desnudos, enfermos y cautivos eran los hermanos de Jesús y ahora son sus compañeros en el juicio de forma que, asumidos por Jesús, juzgan los acontecimientos de la historia.

El juicio evangélico rompe con todos los esquemas judiciales de nuestra sociedad. Un juicio en el que la sentencia viene determinada por el escenario en el que se desarrolla. La experiencia de cautividad, de opresión, de falta de libertad, la pobreza, el hambre, la esclavitud… En este sentido, la relación con el otro, de forma especial con los más desfavorecidos, es el tema central del juicio.

De ahí que la presencia decisiva de Dios en Jesucristo refleja el triunfo de estos más necesitados y de los que les sirvieron y ayudaron. La imagen no puede ser más sugerente. Jesús aparece como el hermano mayor que se hace pequeño por medio de su encarnación en el dolor de los sufrientes.

Jesús está en esos más pequeños, en los que están en la cárcel, en los cautivos. Por eso, cada vez que no estamos a lado de los cautivos y esclavos, no estamos al lado de Jesús. No estar con ellos es lo que nos condena y estar con ellos es lo que nos salva.

Una lectura detallada del relato bíblico nos llevaría a la conclusión de que somos nosotros mismos los que nos salvamos o condenamos por nuestras obras.

El relato del juicio final (Mt 25,31-46) es una referencia obligada para hablar de la redención-liberación mercedaria. A la luz de este texto, las Constituciones, comentarios y textos capitulares han desarrollado los principios de actuación a lo largo de los casi ocho siglos de historia de la Orden. La visita a los cautivos, a los encarcelados, a los verdaderos sufrientes de las sociedades, son el primer paso para su liberación. «Visitar y redimir» es la finalidad y razón de ser de la Orden (COM 1).

En este sentido la figura del Jesús histórico adquiere su mayor importancia por medio de su actuación, que pasa por la vida ayudando a los necesitados, ofreciendo alimento a los hambrientos, acogiendo a los marginados… más aún, Jesús muere por haber estado presente en los necesitados de la historia. Así, toda miseria humana es señal de su entrega, presencia de la cruz en la tierra.

Cristo Redentor se convierte en el modelo que san Pedro Nolasco tuvo delante para poner en marcha su obra redentora. De ahí que el relato de Mt 25,31-46 fuese y siga siendo, uno de los textos bíblicos mercedarios por excelencia, reflejo de un compromiso pleno y verdadero.

Otro texto evangélico muy mercedario es el de Mc 10,45. En clave mercedaria, el texto de Marcos (Mc 10,45) complementa el relato del juicio final de Mateo (Mt 25,31-46).En esta ocasión, el evangelista pone en boca de Jesús una frase célebre que ha pasado al lenguaje popular: “Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir”. La fórmula, ya de por sí mercedaria, se completa con la frase que la acompaña: “y dar su vida en rescate por muchos”.

Orden de la Merced
SanPedroNolascoCautivoCristo

Dar la vida en rescate es la esencia del carisma redentor que en Marcos tiene como protagonista a Jesús de Nazaret, que vino a dar la vida como rescate por muchos (Mc. 10,45). Se trata pues, de dar la vida por una causa tan noble y justa como es la del Reino identificado en los cautivos, los pobres, los oprimidos y esclavos actuales. Este dar la vida sólo se lleva hasta las últimas consecuencias cuando de parte de uno se hace todo lo posible para que el hermano oprimido, cautivo y pobre, salga de la situación en la que está.

El carisma mercedario se basa en la redención de todos aquellos que están en situaciones de opresión, cautividad, esclavitud, que dependen de todas aquellas situaciones límite y marginales que denigran la condición de vida de las personas. Por esas personas, figuras como Jesús, san Pedro Nolasco, y tantos mártires mercedarios dieron y siguen dando sus vidas, luchando por confirmar en la tierra, el derecho a la vida que Dios ha otorgado a los hombres.

La entrega de la vida es un acontecimiento trascendental para la esencia mercedaria. El análisis de su importancia nos traslada hasta los orígenes de la formación de la Orden.

Ochocientos años después, la Orden de la Merced sigue siendo paradigma de Cristo Redentor. Y eso hace que los mercedarios sean en la Iglesia los especialistas en la redención.

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Jóvenes del coro compartiendo con otras personas.