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UN FRAILE DE ZAPATILLAS DEPORTIVAS

Muy buenas, mi nombre es Fray Cristian Peña Molina, nací en Castellón de la Plana, allá por el año 1984, cuando los Mercedarios aún no habían llegado a la Parroquia San José Obrero. Fui bautizado el 2 de septiembre, justo dos meses después de nacer. Con 8 años volví a la Parroquia para recibir la catequesis y la Primera Comunión de manos del que años después sería mi formador y superior, el P. Melchor. Años más tarde volví a la Parroquia para recibir el sacramento de la Confirmación, según mi madre, sin la confirmación no me podría casar. Y es así como empieza mi historia vocacional, como la de cualquier joven que se acerca a la Iglesia para recibir los sacramentos.

Durante la catequesis de confirmación asistí a las convivencias y encuentros que organizaban. Allí descubrí a más jóvenes que también creían en Dios, pero también pude ir descubriendo la vida de los frailes mercedarios. Después de la confirmación entré en grupos juveniles, Kerigma era el mío. Campamentos, voluntariado en Cáritas Parroquial, organizar las fiestas parroquiales, convivencias, vigilias de oración, montaje del belén parroquial, pascua juvenil… nada distinto a lo que puede hacer cualquier joven en una parroquia.

"Cuando haces una relectura de tu vida, descubres como Dios ha ido actuando en ella. Yo era un chico muy callado y tímido y después de la Pascua juvenil, volví transformado: realmente resucitado y lleno de vida."

Cuando haces una relectura de tu vida, descubres como Dios ha ido actuando en ella. Yo era un chico muy callado y tímido (un poco como el profeta Jeremías); y después de la Pascua juvenil, volví transformado: realmente resucitado y lleno de vida. Otro de los momentos importantes fue el poder colaborar con Cáritas, no sólo por el hecho de ayudar, sino porque durante un año, cada miércoles, el P. Manolo preguntaba a otro joven que colaboraba si quería ser fraile, nunca me lo preguntó a mí, pero eso fue calando en mi vida. El Camino de Santiago del año 2002 me hizo ver que no hace falta mucho para ayudar al otro, que muchas veces nos creemos que somos poca cosa y que no somos capaces de ayudar a los demás, pero muchas veces, estando al lado del otro, hacemos más de lo que nos creemos.

2 de mayo del año 2003, encuentro de jóvenes con san Juan Pablo II en Cuatro Vientos, Madrid. Recuerdo aquel encuentro como un gran encuentro con Dios y con su Iglesia, más de medio millón de jóvenes. Mirara donde mirara sólo veía jóvenes cristianos, que juntos gritaban “¡ésta es la juventud del Papa!”, al poco me convertí en uno de esos jóvenes y junto a ellos también me hice de “la juventud del Papa”. El Espíritu Santo estaba presente en cada uno de los que allí estábamos reunidos y aunque éramos muchos, el santo Padre tuvo palabras para cada uno de nosotros. Recuerdo las palabras que Dios utilizó para llamarme a dar la vida en favor de los demás: “la evangelización requiere hoy con urgencia sacerdotes y personas consagradas. Si sientes la llamada de Dios que te Dice: ¡sígueme! No la acalles; se generoso y responde como María, ofreciendo a Dios el don precioso de tu persona y de tu vida”. Éramos muchos, pero a mí me tocaron el corazón.

12 de octubre de 2003, ese día fue el primer día que puse los pies en la que sería mi primera comunidad formativa, el menú lo recuerdo: cardos. Nunca me habían gustado, pero… esto era el inicio de una nueva vida.

Pasaron los años… pero no te voy a aburrir contándotelos, si quieres saber más, me preguntas.

Pero quiero destacar dos fechas el 10 de julio de 2011 día de mi Profesión de Votos solemnes en la Merced y el 8 de julio de 2012 día de mi Ordenación de Presbítero.

A día de hoy, puedo decir como sacerdote joven que ¡vale la pena dar el paso! Que da miedo caminar hacia lo desconocido, pero que nunca estás solo, siempre tienes a tus hermanos de comunidad que te acompañan y te enseñan; ellos son un verdadero ejemplo de vida.

Soy feliz con lo que hago y lo que soy y Dios gracias a Dios por haber pensando en mi.

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