Llámanos: +34 616 265 572

YO TE DIJE SÍ

Me llamo Jonathan y tengo 26 años. Mis padres se llaman Héctor y Karyn, y tengo un hermano nueve años menor que se llama Marcelo.

Crecí en el seno de una familia católica que me transmitió la fe; íbamos a misa los domingo, pero nunca se me había pasado por la cabeza la idea de ser sacerdote, y menos, consagrar mi vida a Dios.

Recuerdo que cuanto tenía unos 6 o 7 años iba a misa y hacía las lecturas, así ponía en práctica lo que me había enseñado mi abuela, que era profesora. También que mi papá me compró una guitarra, aprendí a tocar a los 10 años y luego me incorporé al coro de niños de la Parroquia La Transfiguración.

He tenido una juventud como cualquier otro joven chico: me gustaba mucho salir de fiesta, bailar, cantar, compartir con mis amigos y hasta tuve varias novias, pero todo comenzó a cambiar a partir del matrimonio por la iglesia de mis padres, ya que después de ese evento nos mudamos al territorio de la única parroquia atendida por los padres mercedarios en todo el país: Nuestra Señora de la Paz, en Ciudad Merliot, en El Salvador, ¿Casualidad o Providencia?, pensé.

Luego me incorporé al grupo juvenil, más por buscar a una muchacha que otra cosa, no obstante, mi vida se iba llenando poco a poco de Dios. Después entré al grupo de acólitos de la parroquia y esto me hizo acercar un poco más a la vida de la Iglesia.

Me gradué del colegio y comencé a estudiar ingeniería eléctrica en la universidad. Hubiese deseado estudiar física teórica, pero mis papás me sugirieron algo más cercano al trabajo de mi padre y como también me llamaba la atención la ingeniería, accedí.

Un día, caminando por la peatonal, tomado de la mano de mi novia,

eran como las cuatro de la tarde, se me vino a la mente un "pensamiento", una voz en mi interior que decía: Quiero ser sacerdote.

Decidí ignorarlo, pero a partir de ese momento, esa voz iba resonando en mi vida cada vez más fuerte, hasta que ya no pude seguir evitándola.

Busqué acompañamiento con dos sacerdotes, el P. Paco Sanz, sacerdote mercedario, y el P. Tojeira, jesuita, rector de la universidad donde estudiaba. Ambos me invitaban a optar por su congregación, pero al final Dios me llamó a La Merced, y yo dije que sí.

Había que dejar atrás mi familia, mis estudios, mis planes y aún a mí mismo para consagrarme a Dios, y yo dije que sí.

Desde entonces sigo renovando mi compromiso con Dios, en la Orden de La Merced. Estoy en la etapa de formación, de camino a consagrarme definitivamente a Dios en este camino mercedario y creo que ha valido la pena embarcarme en esta aventura.

Tomado de la mano de Jesús y de María experimento en mi vida, mi propia pequeñez y la grandeza de Dios, quien hace 8 años, me llamó a seguirle.

Hay momentos buenos y otros un tanto difíciles, como todo en la vida, pero es Dios quien me sostiene y me da la fuerza para seguir adelante.

Estoy infinitamente agradecido con Dios, porque le ha dado un sentido a mi vida más grande del que yo hubiese podido imaginar.

Señor, yo sé que tú me has llamado, yo dije que sí ¿Y tú?

Ahora Dios me tiene sirviendo en la comunidad mercedaria de Panamá, siempre le pido que me llene de su gracia y de su amor para poder dar la vida, tal como su Hijo la dio.

RELATED PROJECTS