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FUE EL COMIENZO DE ALGO EXTRAÑO PARA MÍ

Jorge Antonio Abarca Martínez, salvadoreño y quien el pasado 8 de octubre cumplió 22 años, nos cuenta cómo llegó a su vida la llamada a la vida religiosa y cómo se siente días previos a su primera profesión.

¿Cómo y cuándo sentiste la llamada a la vida religiosa?

Fue en el cole, donde terminé el bachillerato, en una semana vocacional. La duda me nació al ver a frailes de distintas procedencias y especialmente el día en que vi a los franciscanos.
Yo estaba sentado al lado de mi novia escuchando las charlas que nos estaban impartiendo y mi impresión al verlos fue “¿Cómo me vería yo usando ese traje?” (para esa entonces no sabía que se llamaba hábito el ropaje que el fraile usaba).
Durante ese año esa pregunta que salió de la nada en aquel momento fue el comienzo de algo extraño para mí.

Al año siguiente nació algo en mí que ni explicarlo podría, pero que por dentro algo me había cambiado. Pensaba distinto. Miraba las cosas desde otra perspectiva y de repente todos mis planes de futuro habían dejado de tener tanta importancia por el simple hecho de que me había surgido el deseo “de la nada” de ser un fraile y luego llegar a ser sacerdote.
Yo no iba a la iglesia y mi familia tampoco, pero si tenía respeto por las cosas de Dios.
Estudié en el colegio de las Mercedarias del Santísimo Sacramento del Altar, pero eso no quería decir que esto me gustara, al contrario, sentía que las misas a las que nos llevaban cada semana eran obligatorias.
Pero de repente me empezó a gustar la misa y me hice monaguillo. Luego empecé a llegar a mi parroquia, me hice amigo del párroco y empecé a servir. Así, poco a poco, todo lo que iba sucediendo de cierta forma me fue confirmando lo que sentía.
Al tiempo que tuve muchos encuentros con religiosos mercedarios que me iba marcando más y más, empecé a querer ser mercedario como ellos.
Tuve muchos momentos de altos y bajos, incluso al momento de decidir si me iba al seminario o no, mis padres, que al principio no lo aceptaban, fueron los que me dieron ánimos para entrar y no quedarme con la duda de que si era o no mi vocación.
Luego de casi cinco años estoy aquí, en España, terminando la etapa del noviciado.

¿Qué sientes días previos a la primera profesión, en este camino de vocación mercedaria?

Con muchas alegrías y emociones, pero también con sentimientos encontrados. Es algo que miraba un poco lejos pero que miraba con mucho anhelo, y pues ahora lo tengo a tan solo algunos días.
Por otro lado, como humano que soy, siempre hay dudas y miedos, incluso me digo: “quizá no estoy listo aún” pero es precisamente lo que uno debe de sentir en estos momentos, porque entonces uno tiene conciencia de que hay que seguir trabajando en uno mismo, de que la formación espiritual y humana no llega hasta aquí, sino que sigue hasta que llegue nuestra hora.

Jorge compartiendo con sus compañeros novicios.
Jorge Abarca, novicio mercedario.

¿Qué expectativas tienes del paso que vas a dar?

En lo personal, no quiero hacerme idea de lo que viene después del paso que voy a dar. Sé que al consagrarme a Dios por medio de los votos de pobreza, castidad, obediencia y el cuarto voto que hacen los mercedarios, me configurare más con Cristo, me sentiré parte de una gran familia que es la de los mercedarios y el servicio que yo preste a la orden y a todos los demás será mi satisfacción.
Lo que venga después del paso que voy a dar en este momento será sorpresa y no me preocupo por eso, tengo claro que me quedan los siguientes años para estudiar la teología, trataré de aprovechar lo más que pueda y, si es voluntad de Dios, luego de estos años llegaré al sacerdocio.

¿Qué te llevas de tu experiencia durante este año como novicio mercedario en Lleida, España?

Me llevo muchos recuerdos alegres de personas maravillosas que he conocido, emociones vividas, experiencias totalmente nuevas para mí, una visión del mundo distinta, una forma diferente de ver las cosas cotidianas y sobre todo, que en esta vida que ya he empezado a caminar no puedo ir solo, necesito del otro para poder llegar a la meta.

Jorge Abarca, novicio mercedario.