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Los mercedarios llevamos esculpido en el corazón el rostro maternal de la Virgen Madre. La Merced sin María no puede existir.
Desde las primeras etapas de formación se nos va grabando su imagen como un sello en nuestros corazones, de forma que nada haya en nuestra boca, en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestro actuar que no respire amor a la Virgen.

Los mercedarios cuando nombramos a Nuestra Señora, decimos simplemente “Nuestra Madre”… así de sencillo y así de grande.

Ella es, para los mercedarios, por antonomasia “La Redentora de cautivos”, “la Libertadora de los cautivos”. Este es un título, un “piropo” muy mercedario, con el que también llamamos a Nuestra Madre.

María ¡nuestra razón de ser!

San Pedro Nolasco supo contagiar a los primeros frailes mercedarios un amor especial a la Virgen María.

San Pedro Nolasco supo contagiar a los primeros frailes mercedarios un amor especial a la Virgen Madre.

Sin María nos sentimos huérfanos. Ella es la inspiradora de la obra liberadora de San Pedro Nolasco.

Sin Nuestra Señora nos sentimos huérfanos. Ella es la inspiradora de la obra liberadora de San Pedro Nolasco.

Amor y devoción que nos lleva de llamarla Madre, Madre de la Merced, madre de los frailes redentores y madre de los cautivos.

Amor y devoción que nos lleva de llamarla Madre, Madre de la Merced, madre de los frailes redentores y madre de los cautivos.

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