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Somos Oración: No podría ser de otro modo, teniendo por maestro y modelo a Cristo Redentor, como inspiradora de la obra de redención a María, Madre de la Merced, y a Pedro Nolasco como el signo más cercano del amor redentor de Jesús.

Los mercedarios vivimos la presencia de María, la Madre de Jesús, que preside e inspira nuestra plegaria. Con ella glorificamos a Dios e imploramos su misericordia con los oprimidos.

Vemos en nuestro padre San Pedro Nolasco el guía y modelo de la oración mercedaria. Siguiendo su ejemplo vivimos nuestra vocación redentora desde una íntima relación con Dios.

Ese Jesús orante, contemplativo, intercesor es quien invita a rezar al Padre que está en lo escondido.

Él es quien enseña a sentirnos hijos e invocar a Dios como Padre, quien con su palabra y vida es modelo de aceptación de la voluntad divina.

En María vemos el modelo de una vida mercedaria al servicio de los hermanos porque está nutrida por la fuerza de Dios, alimentada cada día con la Eucaristía y fortalecida con momentos de oración comunitaria y personal.

Con estos modelos de entrega a Dios y servicio a los hombres, los mercedarios interiorizamos en la Palabra de Dios, la Eucaristía diaria, el rezo comunitario del oficio divino, meditación, oración personal, asidua visita al Santísimo Sacramento, lectura espiritual, examen de conciencia, retiro mensual, frecuente recepción del sacramento de la reconciliación y ejercicios espirituales.

El mercader de libertad, Pedro Nolasco, fiel imitador de Cristo Redentor, es un hombre de acción. Viaja, descubre el “infierno” de los cautivos, se siente interpelado por su dolor, desea poner bálsamo en tanta herida… pero es también, y sin duda que por eso, un hombre de oración, un contemplativo.

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