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SIEMPRE HE COMPROBADO LA MANO DE CRISTO

Testimonio vocacional de José Sesma León.

A pesar de mi corta edad (12 años y medio), dos cosas tenía muy claras en mi mente y voluntad:

a) No ser nunca cura o fraile (mi hermano mayor había iniciado ya el Noviciado como mercedario)

b) Tener un proyecto de vida para el futuro (una chica a la que quería y con la que me casaría, un trabajo y tener hijos con Mari Carmen).

Situación de vida que venía siendo pacífica, hasta que una mañana lluviosa del 3 de octubre de 1949, mientras nuestra madre nos hablaba a cuatro de sus hijos (con mi mayor indiferencia a cuanto estaba oyendo) de lo visto y vivido en el Convento de Nuestra Señora del Olivar en la reciente toma de hábito de mi hermano mayor, tuve sorpresivamente una experiencia espiritual (que sigue clara en mi mente) para que ingresara en la vida religiosa.

De inmediato dije sí a la llamada vocacional, ofreciendo al Señor mi proyecto personal de vida.

Se iniciaron los preparativos necesarios para mi ingreso en el Postulantado Mercedario de Reus (Tarragona), y con el permiso de mis padres y el informe de mi Párroco, ingresé en el postulantado el 24 de octubre de 1949, acompañado por mi madre desde nuestra vivienda en Oyarzun (Guipúzcoa) hasta Reus, con parada de un día en la localidad navarra de Corella, lugar de mi nacimiento.

Fiándome siempre del Señor y de nuestra Madre Santa María (ellas sabían muy bien lo que esperaban de mí), ingresé contento en el postulantado y viví contento todas las etapas formativas (Postulantado, Noviciado, Estudiantado) hasta mi Profesión Solemne (El Puig de Santa María, 5 junio 1959), superando tentaciones para abandonar y dificultades para seguir.

Puesta mi confianza en el Señor y nuestra Madre de la Merced, con la orientación de mi Director Espiritual, recibí la ordenación sacerdotal (Valencia, 26 junio 1960) con gran alegría y seguridad, consciente de que Cristo y María de la Merced contaban conmigo como religioso y sacerdote.

Alegría espiritual agradecida que nunca me ha abandonado hasta este momento en el que acabo de cumplir 79 años de edad, encontrándome en el Convento mercedario de Santa María del Olivar (8 de marzo de 2016), en plenos Ejercicios Espirituales.

En toda esta mi historia vocacional, el Señor me ha ido llevando por caminos muchas veces inesperados y con frecuencia llenos de dificultades. Sin embargo, siempre he comprobado la mano de Cristo y la de María Madre para recorrerlos felizmente como religioso y como sacerdote. Nunca me han dejado ni me he sentido solo, sin fuerzas y sin recursos.

Otra constante que he comprobado hasta este momento de mi vida religiosa y sacerdotal (10 de marzo de 2016) desde la clara llamada vocacional (3 de octubre de 1949) es que Cristo siempre nos pide la ofrenda de nuestro proyecto personal antes de confiarnos su proyecto de vida religiosa y sacerdotal.

También he podido constatar que con sus dones y gracias nos va preparando gradualmente para las misiones que, a través de nuestros superiores, nos irá confiando a lo largo de nuestra vida. Pero igualmente he constado que, junto con sus dones y gracias, me ha exigido el esfuerzo personal para capacitarme para poder desempeñar eficazmente las misiones que hasta el presente me ha encomendado.

A través de todos estos años en la Merced he experimentado que no llama a los religiosos a una vida cómoda y fácil, sino a ser cirineos del prójimo y estar con Él en la cruz.

Gracias, Señor, por llamarme y contar conmigo.