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Ser Mercedario hoy

Alejandro Pérez Yeguas Novicio Mercedario

Por Alejandro Pérez Yeguas
Novicio Mercedario

Detrás de todas las llamadas está Dios, que nos llama por medio de los hermanos, de la historia, de la vida… a mí me llamó para ser Mercedario. La vocación así no es tener, es responder. Es decir: Aquí estoy Señor, porque me has llamado.

De entrada parece una palabra sonora. Tiene que ver con la boca, también con la comida, posiblemente en un sentido diferente al que te imaginas. Para empezar: ¿qué es eso de vocación? Con uve, de valor, porque es algo que vale mucho. Los miedos deben quedar fuera en esta llamada.

Si es llamada, la vocación no es un tener. Y si es llamada, detrás de todas las llamadas está Dios, que nos ll

ama por medio de los hermanos, de la historia, de la vida. Un buen cristiano que quiere consagrarse, debería pensar: “Dios, a través de mis hermanos, me llama a que me entregué a Dios me ha regalado este Don con un proyecto de vida y de amor.

Dios me llama para ser Mercedario, aquí y ahora. Eso es la vocación: me llama Dios. ¿Y cómo llama Dios? Por teléfono seguro que no, aunque algunos, a veces, se imaginan que desayunan con él todas las mañanas. Desconfía de esos que tienen tales imaginaciones. Dios habla de muchas maneras: habla a través de los acontecimientos, habla cuando conoces a una monja o un fraile que te atrae, quizás por su entrega al estudio, a la predicación, a la oración, vida que parece aburrida, pero en realidad es alegre y divertida. Esta vida se convierte entonces en pro-vocación. ¡Son importantes las pro-vocaciones! También Dios habla cuando rezas o cuando necesitas un espacio de silencio para pensar lo que vas a hacer con tu vida.

Alejandro Pérez Yeguas Novicio Mercedario

Alejandro Pérez Yeguas, está en su año de noviciado mercedario en San Ramón, Lleida.

A través de los acontecimientos de tu historia, de las personas que conoces, a través de tus silencios meditativos y orantes, quizás Dios te está diciendo: tú podrías ser un buen Mercedario. ¿Y cómo sé yo que Dios me dice eso? Garantías no hay. Pero te lo dice cuando te lo preguntas. El mero hecho de preguntártelo es ya una llamada de Dios. Te lo dice cuando te apasiona el Evangelio y te apasiona dar a conocer a otros esta estupenda noticia. Te lo dice cuando sientes deseos de fraternidad y quieres construir una comunidad de hermanas y hermanos que será la más maravillosa del mundo en tu imaginación, pero luego en la realidad tendrás que ir construyendo cada día, con sus momentos de esfuerzo y también sus alegrías y delicias. Porque es una delicia vivir con los hermanos. Tendría gracia que Dios te llamase por medio de este escrito.

Ser Mercedario es una de las pocas cosas serias que se puede ser en la vida. Si de pronto eso de las cosas serias te ha hecho pensar, es que a lo mejor Dios te está llamando. No tienes vocación. La vocación no es tener, es responder. Es decir: Aquí estoy Señor, porque me has llamado, me has seducido, y me he dejado seducir. Naturalmente, no hay buena seducción si uno no se deja seducir. Porque la vocación es una cuestión de amores. Y solo la entienden los que entienden de amores.

¡Ah!, casi me olvido de la boca y la comida. Vocación Mercedaria tiene que ver con la boca, porque con su Palabra Dios te llama y con la tuya le respondes. Y con la comida, porque te llama a comer la Palabra y, después de haberla digerido bien, a transmitirla con tu boca a los demás. Una Palabra, la de Dios, que no es fácil, pero hace feliz.

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Author: Tatiana Celis

Periodista - SEO y Social Media para comunicadores

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