Los mercedarios somos hijos de María y llevamos esculpido en el corazón el rostro maternal de la Virgen Madre. La Merced sin María no puede existir.
Desde las primeras etapas de formación se nos va grabando su imagen como un sello en nuestros corazones, de forma que nada haya en nuestra boca, en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestro actuar que no respire amor a la Virgen.

Los mercedarios cuando nombramos a Nuestra Señora, decimos simplemente “Nuestra Madre”… así de sencillo y así de grande.

Ella es, para los mercedarios, por antonomasia “La Redentora de cautivos”“la Libertadora de los cautivos”. Este es un título, un “piropo” muy mercedario, con el que también llamamos a Nuestra Madre.

Para los hijos de María, Ella es nuestra razón de ser

Somos hijos de María de la Merced.
Somos hijos de María de la Merced.

San Pedro Nolasco supo contagiar a los primeros frailes mercedarios un amor especial a la Virgen Madre. Hoy en día nosotros, los hermanos e hijos de María, seguimos teniendo ese especial amor y esa devoción única por la Madre de Jesús.

Sin Nuestra Señora nos sentimos huérfanos. Ella es la inspiradora de la obra liberadora de San Pedro Nolasco y cómo no estar agradecidos por tal regalo de Dios a la humanidad, un regalo que ha perdurado por más de 800 años.

Este amor y devoción nos lleva a llamarla Madre, Madre de la Merced, madre de los frailes redentores y madre de los cautivos.


INVOCACIONES

Porque fuiste escogida desde la eternidad, te decimos: BENDITA ERES MARÍA

  • Porque te amó el Señor sobre todas las cosas, te decimos: BENDITA ERES MARÍA
  • Porque has hallado gracia ante Dios, te decimos: BENDITA ERES MARÍA
  • Porque fuiste la mejor maestra y discípula de Cristo, te decimos: BENDITA ERES MARÍA
  • Porque guardaste los misterios de Jesús meditándolos en tu corazón, te decimos: BENDITA ERES MARÍA
  • Porque eres para todos Madre de Merced y Misericordia, te decimos: BENDITA ERES MARÍA